Día 117: Tromsø (Noruega).

Día 117: Tromsø (Noruega).

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Hace unos días, en un campamento compartido con más ciclistas que o bien se dirigían a Cabo Norte o volvían ya de allí, surgió la pregunta ¿Qué es lo mejor de viajar? La respuesta fue prácticamente unánime: la gente. La gente que conoces por el camino es, sin lugar a dudas, lo mejor de la experiencia.

Conocimos a Manu, a Teddy y a Mickaël en Alemania, disfrutamos de un día juntos y hoy aquí estamos, en su “pisito” de Tromsø, gozando por un par de días más de unas vistas inigualables y de la buena compañía antes de regresar a casa, a esa jaula de asfalto y hormigón que es Madrid.

Ayer, en el barco que nos trajo desde Honningsvåg, recordábamos a Adam, otro compañero de aquel campamento que confesó que el de mayor quería ser “gente vieja alemana”: la sala panorámica del MS Polarlys era como un cine de sesión continua para el hormiguero de jubilados teutones que pululaba por el crucero. Por suerte coincidimos con Bruno y Alexandra, una pareja de suizos que también han ciclado durante tres meses desde su casa hasta el norte del continente. La conversación en torno a nuestros periplos ayudó a combatir el tedio de diecinueve horas de mar de fondo y bancos de niebla. Aunque a veces esta se retirase un poco, dando paso a estupendas vistas de los fiordos:

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En dos días más habremos vuelto a la cruda realidad. Mucha gente nos llama ahora “héroes”, nos dicen que no entienden cómo hemos podido hacerlo, siquiera imaginarlo. Nosotros en cambio pensamos que lo verdaderamente difícil es ir todos los días (todos los meses, todos los años…) a trabajar a la misma oficina o la misma fábrica. A vosotros, los verdaderos héroes, os dedicamos el triunfo.

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